Homenaje a Juan Carricondo Asensio

Libro "Origen de la Asociación".

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martes, 19 de marzo de 2024

Artículo publicado por el diario "La Voz de Almería" en el apartado de "Obituarios"

Cedido por Juan Carricondo Asensio, Presidente Vitalicio y socio fundador de la Asociación de Retirados de la Guardia Civil de Tráfico.

CRÓNICAS DE AYER. Hace 77 Años

Ocho muertos en un 
enfrentamiento entre
maquis y la Guardia Civil

Un grupo de personas desafectas al régimen franquista regresó a Almería tras averiarse su barco camino del exilio.

Algunos de ellos, a la vuelta a la capital en taxi desde Níjar, tuvieron un enfrentamiento con la Guardia Civil                                                                                                                                                                                  

Esta historia se remonta al 20 de Junio de 1947. Ese día, un grupo de personas calificadas como desafectas al régimen franquista, apoyadas por las denominadas células de la Alianza Nacional de las Fuerzas Democráticas, tuvieron que regresar precipitadamente a la capital unas horas después que el pesquero en el que iban a desplazarse hasta Orán para exiliarse, tuviera una importante avería en las máquinas debiendo regresar al puerto.
Los expedicionarios una vez en tierra, decidieron repartirse en tres grupos para evitar su localización. Uno se quedó en la zona del barrio de Pescadería, otro diseminado por la zona centro en los alrededores del cerro de San Cristóbal y un tercero buscó refugio en una barriada próxima a Níjar.

El 22 de Junio de 1947, este último grupo comandado por Sebastián Magaña tomaron la decisión de volver a Almería. En Níjar contrataron los servicios del taxista Alfredo Fernández conocido entre los vecinos como "El Alvarillo", para que trasladase al grupo hasta la ciudad. Cuando el taxi circulaba ya cerca de La Cañada de San Urbano, a la altura de la Venta María de los Ángeles una patrulla de la Guardia Civil les dio el alto solicitando a los ocupantes la documentación.
Los pasajeros a su petición respondieron a tiros comenzando un refriega, cruzándose numerosos disparos entre los agentes y los ocupantes del taxi. En los primeros momentos falleció en el acto el guardia civil Lisardo Sánchez López, así como el hermano de uno de los huidos con Sebastián Magaña y herido muy grave el cabo de la Guardia Civil Francisco Soriano Molina, quien falleció ese mismo día unas horas más tarde cuando le intervenían quirúrgicamente en la Casa de Socorro de la capital a donde fue trasladado por sus compañeros.

Víctima inocente. Y hubo una víctima ajena a todo lo que ocurrió. En la refriega murió el conductor del taxi, Alfredo Fernández "El Alvarillo" un inocente ajeno a todo el entramado que se encontraba junto a su vehículo. Dos de los ocupantes del taxi lograron escapar corriendo a campo a través llegando hasta la capital refugiándose en una viviendas próximas a la calle Murcia, en la zona de Los Jardinillos donde veinticuatro horas después tuvo lugar un luctuoso hecho.

Fue el 24 de Junio de 1947 y Almería se vio nuevamente sacudida con otra nueva tragedia. La  Guardia Civil que controlaba la vivienda rodeó la manzana de la casa donde estaban los huidos del control de La Cañada de San Urbano, que habían sido acogidos por otros compañeros del grupo que junto a ellos pensaban exiliarse a Orán. Se dijo entonces que un chivatazo de "alguien" cercano al grupo de disidentes  aceleró la intervención de la Benemérita. Ante la llegada de la Guardia Civil, que rodearon la manzano, los habitantes de la casa al verde descubiertos huyeron desesperadamente por las azoteas y terrados de las viviendas, al tiempo que nuevamente salieron las armas a relucir. Murieron abatidos a tiros Antonio González Beltrán, Andrés Camacho Enríquez y Juan Nieto "El Cuco". En la refriega murió también el Teniente de la Guardia Civil Pedro Martos Carricondo, oficial que dirigía la operación al dispararle a bocajarro uno de los fugitivos heridos. Un cuarto huido fue detenido cerca de la rambla y un quinto fugitivo "El Gregorio" logró escapar y pasarse a Francia.


Los funerales del Teniente Pedro Martos Carricondo fueron presididos por el Capitán General de la Región Militar. Ese mismo día, la Policía de Almería iniciaba la desarticulación de dos organizaciones clandestinas, una anarquista y otra socialista. La desgracia se cebó de nuevo con la familia Antonio González Beltrán muerto en el enfrentamiento. Su hermano Juan, murió junto a tres personas más, el 28 de Diciembre de 1945 en el paraje del Abriojal cerca de Rioja en un enfrentamiento a tiros con la Guardia Civil, donde murieron dos agentes. Otros cuatro miembros de esta familia, entre ellos el padre José Antonio González Arcos murieron trágicamente la mañana del 11 de Agosto de 1947 entre ellos el hijo menor Andrés de apenas 18 años de edad, abatidos en aplicación de la denominada "Ley de Fugas" por agentes de paisano de la Guardia Civil miembros de "la Brigadilla", en el paraje Llano de Rueda a la altura del kilómetro 140 en el término municipal de Tabernas a donde fueron trasladados en una furgoneta, después de que tres de ellos fuesen sacados de la prisión y el restante hermano de la Comandancia de la Guardia Civil, con la excusa de una comparecencia en el juzgado de Gergal.

Fueron detenidos después que unos meses antes, la Policía los arrestase por pertenecer a la organización clandestina "Socorro Rojo". En un corto periodo de apenas veinte meses murieron el padre y cinco de los siete hijos de la familia González - Beltrán, oriundos de la localidad de Rioja y conocidos como "Los Pezuños".

lunes, 26 de febrero de 2024

Artículo publicado en "La Provincia" Diario de Las Palmas y cedido por nuestro buen amigo y compañero Pedro de Miguel Astorga


Vicente Reig Basset

  Coronel Guardia Civil (retirado)

Cuando decir "no"
Supone mantener nuestro honor

Una de las primeras anécdotas que relataba el Duque de Ahumada en sus memorias, hace referencia a la disciplina en el servicio y en el cumplimiento exacto de las órdenes recibidas por parte de la Guardia Civil, pero también dejaba clara la lealtad del mando hacia sus subordinados en la defensa del servicio, anteponiendo su «honor» a la voluntad política.

«Se encomendó al recién creado Cuerpo de la Guardia Civil, la vigilancia del Teatro Real de Madrid y el mantenimiento del orden público, al cual iba a acudir la Reina Isabel II para su inauguración, con la orden tajante de que por determinadas calles, no podría pasar ningún tipo de carruaje. A una de ellas se acercó uno de estos carruajes a toda velocidad y un cabo de servicio le dio el alto haciéndole saber que por allí no se podía circular, a lo que el cochero le respondió que ese coche sí podía pasar pues el propio general Narváez, presidente del Gobierno, viajaba en él, contestando el cabo que las órdenes eran claras y que si insistía en pasar por allí, sería atropellando el honor del Cuerpo, al cual se le habían dado unas órdenes concretas. Al final el carruaje dio la vuelta y no pasó entrando por donde lo estaban haciendo los demás invitados. El presidente posteriormente hizo llamar al Duque de Ahumada comentándole lo sucedido y ordenando castigar de forma severa al Cabo.

 El Duque de Ahumada se informaría de lo acontecido en el servicio y presentándose ante el presidente del Gobierno, le indicó no ver necesidad de castigar al cabo pero aun así el Presidente Narváez ordenó que se castigara al cabo con algo menos severo, como trasladarlo fuera de Madrid. Al día siguiente, en el despacho presidencial, el Duque de Ahumada daba al mismo dos escritos, el primero era su propia dimisión y el segundo era el traslado del cabo, firmado por el jefe accidental encargado del mando de la Guardia Civil, tras su dimisión.

De referir que Narváez no aceptó la dimisión de Ahumada y por supuesto el cabo no fue trasladado, ya que nuestro fundador argumentó que «no se había creado la Guardia Civil, destinada a altos fines, para que su prestigio y su honor fuesen pisoteados a la primera ocasión que se presentase.»

Se demuestra en esta anécdota, que conocemos todos los guardias civiles, que este espíritu y valores de nuestro fundador llevan ya tiempo perdidos por no saber decir «NO» a órdenes políticas, a la sazón sobre temas operativos de servicio y que nos llevan a tener consecuencias desagradables como la ocurrida en Barbate. Se tiene demasiado miedo, por muchos mandos, a lo que supondrá dar una negativa, con la necesaria clara explicación, al político de turno, sea del color que sea y tenga el cargo que tenga. Más que miedo, a esta persona y cargo, se tiene al que por arriba y vistiendo de verde, atiende al político que se va a quejar de esa negativa y no atiende a las explicaciones, bien expresadas y por informe escrito, pues su lealtad al subordinado ya hace mucho que se olvidó por el camino, por acciones de servicio defendibles ante el político de turno.

Se debe atender siempre, y cuanto más arriba se esté con mayor motivo, ya que más gente tenemos a nuestro cargo, y las decisiones se deben de tomar atendiendo a toda la información de la que se dispone en cada momento y si ese momento no es el idóneo para atender órdenes, que no son realizables, se debe tener la suficiente valentía y honor para negarse a realizarlas, máxime cuando los responsables de las acciones de servicio operativo son los mandos y no los políticos que rápidamente se esconden cuando algo sale mal, o es que alguien ha visto alguna vez a un político salir a pedir perdón y dar la cara porque la orden la diera él, nunca, verdad, pues eso, más  decir que «NO», pues ello no supone perder el honor, al contrario, lo fortalece.

Esta primera anécdota relatada por el Duque de Ahumada, y que demuestra el verdadero espíritu del Cuerpo y los valores que nos imprimió nuestro fundador, debemos recuperarlos y no pisotearlos, siendo los mandos de mayor rango los que los demuestren a todos y ante todos sus subordinados, dando ejemplo de la que siempre ha sido nuestra principal divisa, el honor, que debe ser la guía para desempeñar nuestros deberes y obligaciones.

¿Por qué tanta deshonra y deslealtad al Cuerpo y a sus hombres, cuando ya se ha llegado a la cúspide de esta Institución y se debería ir con la cabeza bien alta y saber plantarse con un NO ante tanta pérdida de valores de muchas órdenes políticas? ¿Dónde arrumban tantos mandos los valores que un día se les inculcaron y a qué altura del camino los dejaron?

Y es que esta anécdota del Duque de Ahumada, en los inicios de la Guardia Civil, he querido traerla aquí pues supongo que la obligación del Director General, político hoy en día, y también la del Adjunto Operativo, como primer cargo Guardia Civil, debería ser defender los intereses de los guardias civiles y al menos, en este caso que, como el Duque de Ahumada, antepusieran los intereses de sus subordinados a los propios y que ambos, por escrito, presentaran, si hay honor, su dimisión.